Aprendiendo a hablarte mal

Todas tenemos una voz que nos dice que no somos suficientes, que no valemos o que somos horribles. Para algunas esta voz suena muy fuerte, grita e incluso parece que es insoportable vivir con ella. Estoy hablando de la autocrítica, que la RAE define como el “juicio crítico sobre obras o comportamientos propios”. En sí, siguiendo esta definición no está mal tener autocrítica, al final es una evaluación que nos permite ver si lo que hacemos va en dirección de lo que queremos hacer. Sin embargo, muchas veces este juicio está distorsionado o realmente no es indicativo de aquello que es importante para nosotras y ahí sí es un problema. Muchas de las consultantes que atiendo tienen problemas con esta voz crítica y pareciera como si todas naciéramos esta evaluación tan negativa de nosotras mismas. Por ello, vamos a ver qué pasa, cómo se gesta esta autocrítica, para así poder entenderla mejor.

El ambiente en el que crecemos tiene un rol muy importante en el lenguaje que tenemos con nosotras mismas. Si esto fuera una receta, sería importante tener una buena base de ambiente exigente. En estos ambientes, cuando una persona emite una conducta objetivo, puede o no, ser ignorada, pero si emite una conducta no deseada es fuertemente castigada. Por ejemplo, si colaboras en las tareas, hablas con educación o tienes buenas notas “es tu obligación”, pero si suspendes, un día te despistas o te equivocas asumes fuertes castigos. También son importante los modelos que estos ambientes nos transmiten.  Por ejemplo, si ves cómo se critica fuertemente a cualquiera que se equivoca, puedes aprender que el error es algo intolerable y adquirir tú también este lenguaje con quien lo comete, incluso cuando esa persona eres tú misma. Por último, entre otros aspectos, puede que en este ambiente se premie mucho la competición, con hermanos u otros iguales, lo cual te enseñe de forma implícita que tienes que demostrar constantemente tu valía. En general en estos contextos se puede gestar un mensaje que marca cómo nos hablamos: “No soy suficiente”. Esta es una buena base para que la autocrítica negativa empiece a cocinarse

 Además de la exigencia, es importante la invalidación emocional. Si la persona aprende que cuando muestra emociones etiquetadas como negativas como enfado o tristeza, no es tomada en serio, se burlan de ella o lo minimizan, ella empezará a hacer lo mismo consigo misma. Por tanto, si cuando un peque dice que está triste, le respondemos “no es para tanto hay gente peor”, es probable que adopte este lenguaje y lo empiece a usar con sus propias experiencias internas.

Experiencias de bullying o maltrato también son claves para gestar una autocrítica negativa. Especialmente tienen efecto si no se intervino en estas situaciones o la persona se sintió desprotegida. La persona agredida puede hacer suyo el lenguaje que tienen con ella y de esta forma empezar a hablarse peor a sí misma.  Además, muchas veces nos culpamos a nosotras mismas de agresiones que sufrimos (ya hablaremos de ello otro día), y esto nos lleva a sentirnos culpables también del daño que nos han hecho y en consecuencia, a hablarnos mal por ello.

Pertenecer a algún colectivo discriminado también influye en como nos hablamos, ya que esto nos puede hacer más vulnerables a experiencias de discriminación o agresión por los iguales, que van moldeando nuestra forma de hablarnos a nosotras mismas. Además, podemos culparnos a nosotras mismas de “no hacer suficiente” por no ser reconocidas o poder superar situaciones de discriminación estructural que no siempre están en nuestra mano.

Por último tener modelos que nos culpabilizan de no hacer lo suficiente para poder conseguir el éxito también ayudan a que nos hablemos peor. Si  me dicen que soy un fucking panza por no levantarme a las 6 de la mañana a hacer burpees, iré adquiriendo este lenguaje conmigo misma cada vez que no cumpla alguna de las reglas que el influencer de turno me imponga, sean realizables en mi rutina o no. 

En resumen, a hablarte mal se aprende. No naces autocrítica llegas a serlo por la interacción en contextos donde esto se ve reforzado. Esto demuestra que, igual que hemos aprendido a hablarnos de una forma, podemos aprender a hablarnos de otra. No te mentiré, el cambio no es fácil, lleva curro, pero en terapia podemos acompañarte en este proceso para conseguir que te relaciones contigo misma de otra forma.