¿Depresión postvacacional? Y una mierda

Se acaban las vacaciones y empiezan a aparecer los titulares en los periódicos. “Trucos para superar la depresión postvacacional”, “Depresión post vacacional y cómo prevenirla… Según los leemos parece que aquellas personas a las que no les gusta la vuelta a la rutina tienen un trastorno y por ende, deben tratarlo.

Sin embargo, lo más normal es que si has podido entrar en contacto con cosas agradables para ti, y dejar de lado aquellas que te estresan estos meses, lo difícil es que no te cueste volver. Lo normal es que nuestro estado de ánimo baje cuando los estresores aumentan y disminuyen las cosas agradables. En consecuencia, no se trata de ninguna depresión postvacacional, es simplemente lo normal. ¿Por qué entonces se habla de esta “depresión”?

Muchos son los intereses que están detrás de esto. Vivimos en una cultura que tiende a calificar como enfermedad todo aquello que se aleja de la “felicidad” (felicidad entendida como estar siempre bien y que absolutamente nada nos afecte). Esto hace que eventos que en sí mismos son habituales, como es el malestar por volver a la rutina, sean catalogados de enfermedades o problemas, y no como lo que son, sensaciones normales. 

Mi objetivo con este post no es negar la realidad, claro que hay personas para las que volver al trabajo es un mundo y lo pasan verdaderamente mal. No obstante, en esos casos, en mi opinión,  tenemos que hacer un análisis más profundo que simplemente la etiqueta de “deprimidos postvacacionales”. A veces detrás de este malestar puede estar el entorno al que vuelves, tu rutina. Probablemente esté siendo verdaderamente desagradable para ti y se necesita hacer cambios en ella. Por ejemplo, es normal que te cueste volver de vacaciones si volver te supone estar 12 horas trabajando sin tiempo para poder ver a tus amigas o a tu familia. 

En resumen, sí, me parece una mierda que como psicóloges le digamos a la gente en septiembre que tiene “depresión postvacacional” y demos tips para hacerla más tolerable, porque estamos patologizando lo normal y haciendo individual un problema que puede tener una raíz más social. Más que de gente deprimida creo que tendríamos que hablar de cuáles son las condiciones laborales a las que vuelven y analizarlas críticamente. A lo mejor, es más fácil hablar de “depresión postvacacional” que hablar de condiciones laborales precarias o de ciudades incompatibles con la vida a las que nadie quiere volver. Puede que estas sean las conversaciones que serían interesantes en septiembre y no aquellas que nos hagan sentir culpables por volver a un entorno que nos genera malestar.

Si consideras que eres una de esas personas para las que volver en septiembre es un mundo y crees que necesitas ayuda, aquí estoy. Estoy para que analicemos juntes qué es lo que está haciendo que te cueste tanto volver y qué cambios necesitas y son posibles en tu contexto. Siento decirte que no estoy para ayudarte a hacer más tolerable lo intolerable, porque probablemente lo hayas intentado ya, y los resultados a corto plazo son asequibles, pero a la larga el malestar acaba apareciendo.  

Lecturas que te recomiendo

Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas. Edgar Cabanas y Eva Illouz

Libro que hace un análisis crítico a esta idea de felicidad que está socialmente impuesta, el negocio que la rodea y las consecuencias que tiene en nuestro bienestar.